La magia de la Teta Fina

Estoy tratando de contar las veces que he escuchado críticas dirigidas hacia la fotografía de moda, más específicamente, a aquellas imágenes que contengan un exceso de piel… y pezones -estoy viéndome en la exagerada necesidad de recurrir a los dedos de mis pies o en su defecto, dar una segunda y una tercera vuelta con los dedos de mis manos-, ¡Muchísimas veces! Creo que ya perdí la cuenta. Las fashion persons -y las no tan Fashion- han arremetido durísimo contra las campañas de moda que recurren a la desnudez, ¡y hasta le echan la culpa al inocente de Tom Ford! ¿Será que la gente ya se cansó de ver el cuerpo humano a diestra y siniestra? ¡Vaya!, que hasta Facebook tuvo problemas legales con la Francia por censurar en su red las obras de célebres pintores.

Por Raphael Huerta.

Primero que nada, queridos, creo que se merecen un buen jalón de orejas, sencillamente porque están culpando a Ford cuando él no tiene ni tantita culpa –mucho menos pena- de que haya tantos senos, nalgas y curvas en la fotografía de moda. Que no se nos olvide que antes de Ford y su campaña ‘by Terry Richardson’ -un par de carnosísimos senos apretujando la botella del nuevo perfume de Ford- en 2007, estuvieron en la escena de la moda fotógrafos como Guy Bourdin y Helmut Newton; ellos estimularon la imaginación de los espectadores por medio de imágenes que revolucionaron de verdad las normas sociales –circa 1970- e hicieron que hasta la gente más liberal diera un paso atrás al reconocer el pecado hecho fotografía, además, se atrevieron a tocar fibras sensibles que evidenciaban un fetiche ‘común’ pero ‘oculto’ entre la gente, el voyerismo.

Terry Richardson para Tom Ford.

 

H. Newton.

Irving Penn

 

Bien, una vez aclarado el antecedente, expongamos el tema principal: la molestia –o incomodidad, como tú gustes llamarle- ante el uso desmedido -¿desmedido?- de la desnudez total o parcial como elemento de impacto y atracción para vender moda.

“Demasiadas tetas en los editoriales de moda” me ha dicho Alfonso; estudiante de moda que libera sus prácticas profesionales en mi atelier “Modisto de Señoras”, “Y como yo, muchos más opinan lo mismo, demasiadas tetas, demasiadas tetas, nos están llevando al límite”.

“¿Tan feas están las boobies que ves en los editoriales?” Mi pregunta se enfoca pura y directamente en el aspecto de los senos de las modelos porque considero importante dejar bien claro que, efectivamente, hay un exceso de carne por doquier, ¡PERO! No se trata de la cantidad, sino de la calidad. Es simple:

“Hay senos y senos”.

-get ready for the next paragraph!-

Las mujeres tienen senos, por ende –aunque les parezca estúpido-, comprendemos que las modelos, sin faltar alguna, también llevan la sagrada curvatura a la altura del pecho, coronada por pezones que tienen una razón biológica para estar ahí, mas esto no significa que por ser modelo sus senos también lo sean. Lo digo con todo respeto para las mujeres –¡y para las modelos as well!- no todas poseen pechos adecuados como para quedar plasmados en una foto. La abuela de una querida amiga mía decía que los senos perfectos no son ni muy pequeños ni muy grandes, deben lucir firmes pero no duros. Hay veces en que ni la buena iluminación ni una dosis prudente de retoque salvan el problema, mismo que se agrava cuando quien posó, no es una auténtica modelo, sino la ‘prima exótica’ de alguien del equipo.

Nude with sails. Tamara de Lempicka. 1931.

Ahí está la magia, la magia de la teta fina. No es la desnudez ni el abuso de la carne en las campañas, el error es que no se elija concienzudamente a LA musa ideal para tan delicada empresa, especialmente si el objetivo de tal desnudez dista de lucir vulgar, porque cuando se cae en la vulgaridad no hay paso atrás.

Los fotógrafos y los directores de arte también deben poner de su parte y entender que una campaña para moda no es lo mismo que una para Hooters. Si van usar la desnudez por enésima vez, cuiden por todos los medios que la imagen sea fina, que luzca estética, que cada elemento, desde la prenda hasta el prop, fluya en armonía con el concepto que se ideó en un principio.

Ahora bien, si la vulgaridad es la meta, ¡pues adelante! La genial lengua de La Vreeland afirmaba que un poco de mal gusto era como un buen toque de paprika. Lleguen hasta las últimas consecuencias para obtener ese sabor corriente, y háganlo bien porque también tiene su ciencia, no se queden a medio camino, recuerden que ese medio camino –que es la equivalencia a ser ABURRIDO– era lo que más odiaba la majestuosa y elegante Diana.

“Vulgarity is a very important ingredient in life. I’m a great believer in vulgarity- if it’s got vitality-. A little bad taste is like a nice splash of paprika. We all need a splash of bad taste- it’s hearty, it’s healthy, it’s physical. I think we could use more of it.

No taste is what I’m against.”. Diana Vreeland.

 KISS KISS!!!! HUG HUG!!!!

No se pierdan la siguiente entrega de El Itinerante Opina

“Hasta que la moda nos separe” en la Edición 88 de

KS NEWS BY ANNA FUSONI.

Imagen destacada:

Femme a la Colombe. Tamara de Lempicka. S/A.

 

 

 

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