En privé con Lomellí

by Rapha Huerta 271 views0

Santiago llegó a Francia desde su natal Guadalajara para aprender la técnica del bordado con aguja de Luneville, sin imaginar quizás que su estadía sería mucho más duradera, que haría una carrera en solitario además de colaborar con grandes casas francesas. Hoy cuenta con su propio piso en la Rue du Bac, en el que atiende personalmente a sus clientas, creando piezas que reflejan su amor por el diseño y la construcción.

Por RAPHAEL HUERTA.

Al llegar a la dirección indicada, toco el timbre y es el propio Santiago quien atiende mi llamada. Para entrar a su espacio de trabajo, caminé por un pasillo completamente limpio e iluminado, tras subir las escaleras nos hemos encontrado tête-à-tête. Alto y espigado, lleva puesto un jersey acanalado de color hueso que ha combinado con pantalones skinny y slippers aderezados con un escarabajo.

“Nací entre costuras, desde niño supe que quería ser diseñador, aprendí a coser en los talleres familiares, fui muy ambicioso, al abrir mi primera boutique, le dije a mis amigos que un día me verían en París. Nunca imaginé que las personas que me enseñaron la técnica de bordado me instaran a permanecer en París y abrir mi propio negocio. París no se jacta de ser una ciudad fácil a la hora de acoger a diseñadores de moda, pero puedo decirte que he sido afortunado en todo, su gente y las personas directamente relacionadas con la moda parisina han aceptado mis propuestas, me he abierto puertas trabajando duro, quizás más duro que los demás diseñadores, y no puedo negar que me ha ido bastante bien”. SL.

Proveniente de una familia de artesanos de sangre italiana y con su propia madre con una carrera como diseñadora, Santiago Lomellí comenzó su andar en la moda a la corta edad de 17 años, abrió su propia boutique y llegó a tener cuatro establecimientos en la capital de Jalisco. Tomó la decisión de viajar a París para aprender durante un año la técnica del famoso bordado Luneville, propio de las casas francesas más importantes y cuyo taller más representativo es la casa de Francois Lesage.

Fue el propio director de la Chambre Syndicale de la Haute Couture junto con la directora de la escuela de bordado quienes le convencieron de quedarse y dar a conocer su talento. Su casa de moda se está haciendo de un nombre propio destacándose por conjuntar el trabajo con cuero, el bordado de Luneville, el arte de las flores artificiales y el arte plumario así como la mezcla de materias como muselina y seda.

Lomellí me permitió sentir las prendas, son increíblemente ligeras y quedé sorprendido al observar la calidad de los acabados. Lo que salta primero a la vista es la abundancia del color negro, tanto mate como brillante, la colección que tengo ante mí se llama Metamorphosis; el ADN está basado sobre el color negro y el rosa cuarzo, así como un fetiche maravilloso representado por los insectos, ésta vez los escarabajos –que ya son el tótem oficial de Santiago- van acompañados por mariposas. Ha mezclado la piel, el encaje, el tul y lo vaporoso de las plumas para crear efectos 3D que se sienten y lucen exquisitos.

 

Puedo ver que una de las cualidades del trabajo de Lomellí es el erotismo fino y elegante. Algunas de sus prendas llevan cut outs en la espalda, en estas áreas se lucen los tules y encajes con escarabajos enormes bordados directamente sobre la tela. En sus creaciones convergen los aires rock & roll y un espíritu ladylike. A Lomellí le gusta vestir la mujer de carácter, confiesa que su target son mujeres adultas e independientes que saben lo que quieren y tienen preferencias bien definidas en cuanto a su estilo.

También crea trajes de novia de diferentes estilos, algunos con la versatilidad de combinar el bustier con la falda y un perfecto –nombre correcto de la chaqueta de motociclista-. La delicadeza de sus diseños se puede combinar además con los complementos que ofrece en su showroom, diseñados y confeccionados por completo en el atelier de Lomellí.

“El diablo se oculta en los detalles, así que procuro que la marca se destaque por el cuidado que ponemos en éstos, más allá de la tendencia, me interesa mucho más que los detalles y los acabados hagan perdurar nuestras prendas sin llegar a verse demodé”. SL.

Al subir a la planta alta nos encontramos con Noah, un joven norteamericano-nipón que se ha convertido no sólo en colaborador en el área de bordado con la técnica del ganchillo de Luneville, sino en uno de los cómplices de la belleza que se crea en este lugar. Antes de trabajar al lado de Lomellí, Noah llegó a París para aprender confección, pero descubrió el bordado Luneville y se inscribió en una escuela a las afueras de París para aprender la técnica, misma que le fue enseñada por un ex bordador de casas como la mencionada Lesage. Es el propio Noah quien asegura que Santiago además de ser un gran líder es una gran persona:

“Santiago es muy creativo, sensible y de corazón puro, lo cual es raro ya que las personas en la industria no suelen ser así. Al principio estaba muy asustado, creía que era la persona más aterradora, una versión mexicana del diablo vestido de Prada… Y resultó ser amable, dulce y educado. Con él puedo hablar no sólo de trabajo sino también de mi propia vida”.

Santiago afirma que son pocas personas trabajando en los headquarters de su firma, y si lo respeté a los pocos minutos de conocer su trabajo, ahora lo respeto mucho más, al ver su desenvolvimiento como jefe, es un hombre magnánimo con su equipo, esa forma de conducirse con los colaboradores propician que su talento como diseñador se conjugue con el de su equipo de trabajo. Ha hecho tan bien las cosas que el Instituto de Profesiones de Arte y del Patrimonio Francés ha reconocido el trabajo de Lomellí como un diseñador que maneja las ‘profesiones de arte’ propias de la industria parisina, de esta manera sus clientas saben que al portar una creación de Santiago, llevan puesta una pieza que goza del reconocimiento y congratulación de los que ‘saben de la moda y viven en la moda’.

“A veces hace falta respirar, pero esto que hago no es un trabajo, es mi pasión. Y vivo gracias a ello y hasta me aplauden. Las críticas son buenas, mientras hablen de uno, depende mucho de quién te critique, sin embargo yo me enfoco más bien a la reacción y necesidades de las mujeres que visten mis diseños”. SL.

Al despedirnos le he felicitado, no sólo por llevar en alto el nombre de México sino por luchar incansablemente para dar a conocer su trabajo, en KS estamos seguros de que Lomellí llegó a París para quedarse.

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Edición 86

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