La MODA reetiquetada: ¿Falta de ética, flojera o una medida extrema para salvar el negocio?”

by Rapha Huerta 2.157 views0

Ya se imaginarán ustedes que en esta hoguera de las vanidades, nos enteramos de todo, a veces de lo que queremos saber y en otras ocasiones descubrimos verdades que ni por error imaginábamos y al final nos hacen reflexionar. Me encontraba haciendo Guest List Consulting para la presentación de “Mextilo” en Puebla, repasando los nombres de los invitados especiales, la conversación pintaba más o menos así:

Becaria de Puebla Viste Diseño: Alma, Denisse, Gabriela, La Priede, Curioca, Héctor, los chicos de Verde…

Yo: La primera está en París y después se va a Italia al concurso de Italmex, dudo que esté aquí para esa fecha pero manden la participación, a Kuri también, ojalá vaya portando uno de sus diseños… Curioca anda en Oaxaca ayudando a los damnificados, yo espero que para ese día ya esté de regreso, a todos deben pedirles amablemente un RSVP inmediato para organizar el sitting chart… Aquí tienen la lista de marcas, diseñadores y personas que deben estar, sí o sí…

Becaria de Puebla Viste Diseño: Rapha no sé si usted ha ido últimamente a la boutique del diseñador “Fulanito de tal” –señalaron uno de los nombres en mi lista- pero, justo hoy le comentaba a Luis (el director de PVD) que este chico vende ropa traída de China y le pone su etiqueta, sus blusitas de 900 pesos las encontré en internet por 150.

-Silencio total-

Mi cerebro procesó la información: “Alguna vez me enteré de que estuvo a punto de cerrar, no hay pruebas irrefutables de que este diseñador compre ropa por internet para ponerle su etiqueta y venderla… Y no sería el primero ni el último que lo hace”… Finalmente expresé en voz alta: “¡Pues vaya que supo rescatar su negocio!”

Casos como éste no son nada impresionante en el país, por ejemplo: en Puebla existe una boutique que se hace llamar SOHO; lleva varios años ofreciendo ropa de dudosa procedencia a precios elevados y ahí sigue, vendiendo. ¿Buena estrategia?, ¿engaño? Tomando en cuenta que vivimos en el tiempo en que las ventas y números son lo más importante –mentira, vender siempre ha sido vital para cualquier negocio– y que muchos diseñadores no tienen los medios para trabajar con una maquila, o no han encontrado a su sugar daddy, muy respetable por cierto; dicen que quien por dinero se casa, merece cada céntimo por semejante sacrificio, reetiquetar ropa ‘bonitilla’ que viene de la China parece ser el medio perfecto para evitar los números rojos en la hoja de balance al finalizar el mes.

Si vender se ha convertido en una tarea casi imposible para marcas internacionales como Adolfo Domínguez, cuyas ventas bajaron a 115 millones de euros en 2015 –en México y Japón vende muy bien pero no en Europa- imagínense las dificultades por las que atraviesan los novatos diseñadores que, a diferencia de Domínguez, no tienen holdings como Puig (se dice Putch) o Mayoral dándole soporte y asesoría de negocios desde hace décadas.

Sonará descabellado pero, lo más importante es que cada diseñador tenga claros sus objetivos y la visión de su empresa a futuro, encontrar su propia vía para mantenerse a sí mismo y a su negocio con vida, porque los flashes de los eventos pijos y los likes facebookeros, ciertamente no pagan el predio y mucho menos uno que otro lujo, faltaba más. Si no diseñan lo que venden en su tienda, no son diseñadores -y no, no digo que sea malo- ya que han omitido los procesos exhaustivos de producción y prácticamente toda la disciplina que se requiere para ser diseñador de moda, por ende no forman más parte de la industria del diseño en México-  PERO entran al mundo de los negocios y si son buenos comerciantes, después hasta podrían andar viajando por el mundo, visitando y surtiéndose en ferias como Momad de Madrid, Who’s Next en París o sin irnos más lejos, Intermoda en Guadalajara. Momad, por ejemplo, si eres un cliente potencial te lleva hasta Madrid, todo pagado.

Muchas marcas que hoy son sinónimo de diseño, status y éxito empresarial comenzaron vendiendo “ropa dos tres mona”; no creaban ellos mismos las prendas pero diseñaban escaparates atractivos y con música para ambientar el establecimiento, hicieron crecer su negocio hasta obtener el capital para producir sus propios diseños –revisar el origen de la ‘boutique’, Vivienne Westwood, ZARA-.

Lo mismo ha sucedido con algunos influencers y uno que otro diseñador que buscan desesperadamente un ‘segundo income’ o diversificar su modus operandi, invierten 1000 pesitos en ropa de los purgueros de La Lagunilla, usan la magia instagramera transformando esos $ 1000 en por lo menos cinco mil pesos gracias a que sus followers/consumidores quedaron fas-ci-na-dos con el aspecto de la prenda bajo el filtro. Vamos, que no es la primera vez que nos dejamos engañar por una fachada linda, el embuste lo aplican tanto los “Instagram Entrepreneurs” hasta las empresas lecheras que aseguran que sus vacas no son maltratadas ni inyectadas con hormonas y peor aún, hay gente todavía más lista que ha aplicado el siempre efectivo Esquema de Ponzi en las redes sociales.

La moda reetiquetada me parece de lo menos escandaloso de la industria, y estoy seguro de que más de 1 diseñador de moda que se tambalea en la cuerda floja en este momento, se preguntará:

                                                       “¿¡Por qué no se me ocurrió antes?!”

                                                                KISS KISS!! HUG HUG!!

                                                                 ——-Raphael——

 

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