Los MODISTOS también lloran…

by Rapha Huerta 1.284 views0

“Yo estudié para ser diseñadora de moda, no costurera a la medida” expresó una joven aspirante a convertirse en ‘la diseñadora que México esperaba’ y que tuvo debut y despedida sin que la gente de la industria se diera cuenta. Yo me pregunto el porqué los ‘diseñadores que trabajan sobre medida’ son vistos con cierto aire de desprecio, como si su esfuerzo fuera insignificante…

Por RAPHAEL HUERTA

‘No te imaginas el calvario que es vestir a Dolores San Martín…’ me ha confesado casi con lágrimas en los ojos un diseñador para cuya marca soy consultor de moda; Rigoberto atiende personalmente el atelier que montó hace 8 años; diseña y confecciona trajes de gala a la medida de sus clientas. Durante este período, además de pulir su trabajo, exigiéndose a sí mismo elevar cada vez más la calidad de sus creaciones, ha conocido y conservado a clientas fantásticas, sin embargo, también se ha encontrado con el ‘coco’ de todos los creadores: la clienta indeseable. Sobra decir que la infame Dolores San Martín es el estereotipo más perfecto y genuino del cliente que todos quisieran evitar.

Absolutamente falso que para ser un buen (o gran) diseñador de moda -tanto aquellos que venden a gran escala como los que trabajan por pedido- sólo se requieran herramientas como talento, preparación, conocimiento, etc. Hay 3 características primordiales que se necesitan: PACIENCIA, PACIENCIA y más PACIENCIA. Sería fantástico que cada una de las mujeres que acuden al atelier llevara buena actitud y además cumpliera con el perfil del buen cliente, que a continuación describo:

Una buena compradora de vestidos a la medida tiene gustos definidos; basados conscientemente en las proporciones de su cuerpo, el cual acepta sin importar si éste es esbelto, robusto u obeso, respeta el trabajo del diseñador, por consiguiente sabe que el precio –yo prefiero llamarle inversión- de un diseño a la medida no es el mismo que el de un vestido de tienda departamental, y finalmente es PACIENTE; comprendiendo que asistirá a fittings que lo mismo duran 20 minutos que un par de horas.

Es muy común escuchar comentarios de insatisfacción por parte de las clientas, no sólo de Rigoberto sino de cualquier creativo que se dedique a la atención personalizada. Cierto es que varios de estos diseñadores no se esfuerzan por entregar una pieza bien hecha y favorecedora al cuerpo de su cliente, así como adecuada al tipo de evento para el cual fue pensada, ya que insisten en ‘embutir’ a las mujeres en soberbios corsés de quinceañera.

Debemos estar atentos de que este comentario negativo no sea dado por una persona que encaja perfecto con el perfil del CLIENTE INDESEABLE: Generalmente de buena posición socioeconómica – o así lo aparentan-, son personas indecisas cuyo estado de ánimo es una mezcla entre Hulk, Soraya Montenegro y Catalina Creel, que además resultan ser cínicamente impuntuales, llegando al atelier ‘de pisa y corre’ porque ya están retrasadas para acudir a otra cita, la cliente indeseable también se comporta de manera altiva, pero ojo, trata de hacerse la graciosa con esa forma de ser, al verse en el espejo es incapaz de apreciar la realidad, que el traje, vestido o la prenda que sea, luce fantástica y justa… Y lo peor es que siempre piden un ‘descuentito’  provocando que el modisto se pregunte “¿Pues no que muy de las altas esferas sociales?”. El monólogo de una clienta indeseable casi por lo general es así:

“Es demasiado corto… Ahora está muy largo… Con tu vestido me veo gorda –la verdad es que es una varita de nardo-… Quiero un escote más profundo… ¡No! ¡Ahora parezco callejera!… Voy a bajar 3 kilos, reduce las medidas… ¡El cierre no sube porque el vestido está muy pequeño! –en realidad, los tres kilos que perdería, los aumentó, pero ni se te ocurra decirle porque se pone como fiera

Ser diseñador de moda a la medida –o modisto, amo esa palabra, suena tan lindo- no es empresa fácil, los creadores como Rigoberto, acaban siendo psicólogos, consejeros, confesores y hasta ‘paño de lágrimas’… No todo es miel sobre hojuelas, ni un camino de rosas sin espinas, la suerte del modisto es una ruleta rusa: la clienta puede ser tan dulce como Madison (Splash), tan sensata como Bella, tan gallarda como Wonder Woman o tan nefasta como las hermanas Drizella y Anastasia.

¿Y quiénes son las clientas que mejor pagan? Si creían que aquellas pertenecientes a la clase alta, se han equivocado, la mejor clienta para un modisto suele ser una mujer de clase media, trabajadora, que está dispuesta a invertir quizás hasta 5 quincenas completas en un sólo vestido.

Lo único que me queda expresarle a estos modistos de señoras y señoritas es: MIS RESPETOS.

KISS KISS!!! HUG HUG!!!

Ilustración: Rocko Mondragón

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